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sábado, 7 de agosto de 2010

El pantano se desvanece, reaparece el río (I)



¿Reconocéis el lugar?? Ciertamente, es complicado, incluso hasta para aquellos que seguís habitualmente Foldadablog. Sí, os lo he mostrado en varias ocasiones. Pero, no, nunca así. Está inmensa y verde pradera, escoltada por la silueta de los picos de la Montaña Palentina, suele estar durante al menos nueve meses al año anegada de agua. 




Sí, efectivamente, éste es el lugar que habitualmente ocupa "la cola del pantano", del embalse de Aguilar. La ausencia de lluvias, el calor relativo - aquí, el "Norte" siempre está presente y por eso la chaqueta es una prenda absolutamente imprescindible -, y, sobre todo, la continúa suelta de agua hacen que verano tras verano se repita esta imagen. El final del embalse reducido a un pequeño charco, a una leve sombra plateada a la derecha de la foto.

No, no me malinterpretéis, aún así, me encanta, no deja de tener su punto. Si caminas, caminas... y al final rodeas las lomas que circundan la pradera, te topas de pleno con el Pisuerga. El río, que durante el año permanece dormido en el fondo del pantano, resurge en verano, recupera su cauce y da lugar a paisajes que bien pudieran haber servido de escenario a las viejas pelis del Oeste Americano...


Junto al río piedras, troncos... restos de antiguas lindes, caminos, puentes y cercados. Son la sombra, el vestigio, la huella de los pueblos que anegó el pantano a principios de los sesenta (Cenera de Zalima, Quintanilla de la Berzosa, Villanueva del Río y Frontada). Han transcurrido muchos años, sí, pero cada verano, cuando me acerco a este lugar, pienso en cómo debió ser la vida en aquellos lugares, vecinos de Foldada, cómo debieron sentirse sus gentes al abandonar sus hogares y encontrar después en su lugar una ingente masa de agua... 


lunes, 12 de abril de 2010

Reflejos

Confieso que salí a dar mi paseo habitual hasta la "cola del embalse" con mi perro, mi novio y pertrechada con la cámara de fotos, con un único y claro objetivo: conseguir buenas imágenes para el III Concurso de Fotografía Digital Románico Norte.

Tenía todo calculado, excepto una cosa, mi tendencia habitual a despistarme y evadirme -los que me conocéis sabéis perfectamente a qué me refiero...- Llegué media hora tarde y la luz era nefasta, así que resignada, tiré de mi perro y de mi novio y me dispuse a regresar sin fotos...

Al girarme para desandar lo andado, mis ojos se clavaron en el agua o más bien, en la sombra de los árboles, en su reflejo. Siempre me ha hipnotizado el "efecto espejo" y aquella tarde, con aquella luz, la imagen era francamente única. Las ramas parecían prolongarse hasta el fondo del agua, incluso, fijando la vista, se diría que emergían del fondo, como si allí abajo existiese otro bosque pararalelo, el de los sueños...
No pude resistirlo y aquí tenéis el resultado, me hubiera gustado ser mejor fotográfa, pero...


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